Parte 9: Sofía descubre que sus recuerdos son sintéticos mientras lucha por sobrevivir al ataque de un androide y a la explosión del complejo subterráneo solo para enfrentarse a la revelación de que ella es una copia de sí misma

Parte 9: Sofía descubre que sus recuerdos son sintéticos mientras lucha por sobrevivir al ataque de un androide y a la explosión del complejo subterráneo solo para enfrentarse a la revelación de que ella es una copia de sí misma

 Parte 9: Sofía descubre que sus recuerdos son sintéticos mientras lucha por sobrevivir al ataque de un androide y a la explosión del complejo subterráneo solo para enfrentarse a la revelación de que ella es una copia de sí misma

Las paredes metálicas de la cámara vibraron cuando el primer cerrojo hidráulico cayó con un golpe seco. Sofía retrocedió un paso, apuntando con la linterna al rostro liso de la entidad antes de dirigir la luz hacia Julián, cuyo rostro se tornaba cada vez más pálido sobre el suelo helado. —¡Abre las puertas, Julián! —gritó ella, agarrándolo por el chaleco y sacudiéndolo sin piedad—. ¡Dime la verdad o te juro que te dejo morir en esta jaula! Julián soltó una carcajada ahogada que terminó en una bocanada de sangre. —No hay salida, Sofía… —murmuró, rozando con sus dedos ensangrentados el tobillo de la mujer—. El falso Marcus no venía a matarte. Venía a activar la secuencia de purga. Nos encerró a los dos porque el Prototipo Alpha no puede existir con sus creadores vivos.

La pantalla digital en el rostro del niño parpadeó de nuevo, cambiando del azul a un rojo intenso mientras el sonido agudo de la bomba de refrigeración aceleraba su ritmo. Los monitores médicos que rodeaban la cápsula mostraron una cuenta regresiva: 01:45. Sofía soltó a Julián y corrió hacia la consola de control principal. Sus dedos manchados de hollín y sangre volaron sobre el teclado táctil intentando anular la orden de sellado, pero el sistema rechazó sus credenciales una y otra vez. Una alerta en letras rojas gigantes inundó los monitores: ANOMALÍA DETECTADA: SUJETO ORIGINAL PRESENTE. —Mira la pantalla inferior… —susurró Julián desde el suelo, apoyando la cabeza contra la base de la cápsula—. Lee el registro médico de 2016… si te quedan dudas.

Sin dejar de monitorear la cuenta regresiva que marcaba 01:12, Sofía deslizó la ventana de archivos. Las imágenes en alta resolución mostraron las escáneres cerebrales de una mujer joven tras un accidente automovilístico devastador. Al lado, la ficha del paciente indicaba su nombre completo, su tipo de sangre y una nota firmada por el propio Julián: Trauma encefálico severo. Se procede al implante de memoria sintética ‘Maternidad/Pérdida’ para estabilizar la actividad neuronal. El aire se le congeló en los pulmones. Los recuerdos de su embarazo, las patadas del bebé en la noche, el llanto en el hospital… todo era un bucle de código informático diseñado para mantener su mente bajo control.

Un chasquido mecánico interrumpió el horror. El cristal de la cápsula comenzó a deslizarse hacia arriba con un siseo de presión liberada. El niño sin rostro se puso de pie. Sus movimientos no eran los de un humano, sino una secuencia fluida y milimétrica de articulaciones sintéticas. Dio un paso fuera de la cámara de cristal, extendiendo una mano pequeña hacia ella. De los dedos de la criatura emergieron finas agujas metálicas que brillaron bajo la luz de emergencia. —Es hora de actualizar tus recuerdos, mamá —resonó la voz del niño, esta vez utilizando la voz modulada de su difunto esposo Marcus—. Esta vez no dolerá.

Sofía levantó el arma y disparó tres veces al pecho del androide. Las balas impactaron con un chasquido metálico, pero la criatura ni siquiera retrocedió; los proyectiles quedaron aplastados contra un recubrimiento de polímero balístico bajo su piel sintética. La cuenta regresiva en el panel llegó a 00:30. Con el dolor de sus costillas cortándole el aire, Sofía giró sobre sus talones y corrió hacia el conducto de ventilación detrás de la consola principal, el único punto de la habitación sin sellar. Pasó junto al cuerpo inerte de Julián, cuya respiración se había detenido por completo, y usó la culata de su pistola para romper la rejilla de aluminio.

El androide aceleró el paso con un zumbido agudo, extendiendo sus agujas hacia la pierna de Sofía justo cuando ella se deslizaba de cabeza dentro del estrecho túnel de metal. Las agujas rozaron el cuero de su bota, sacando chispas al chocar contra la pared del conducto. Sofía se arrastró en la oscuridad con frenesí mientras la cuenta regresiva llegaba a cero. Una detonación sorda sacudió todo el complejo subterráneo. La onda de expansión de gas tóxico y fuego en la cámara principal empujó a Sofía a través de la tubería como un proyectil, lanzándola fuera del ducto hasta caer sobre una plataforma de rejilla metálica en un nivel aún más profundo.

El golpe le arrebató el conocimiento por un par de segundos. Cuando volvió en sí, rodeada por la oscuridad casi absoluta de las profundidades del edificio, escuchó un pitido constante en el bolsillo de su chaleco. Con las manos temblorosas, sacó el teléfono de encriptación militar de Julián, el cual había tomado de su bolsillo instantes antes de la explosión. La pantalla parpadeaba con una llamada entrante sin número de origen. Sofía desmarcó la opción de altavoz y pegó el teléfono a su oreja, respirando con dificultad.

—Felicidades por sobrevivir al sótano, Sofía —dijo una voz femenina al otro lado de la línea, con un tono frío, profesional y aterradoramente familiar. Era su propia voz. —Si quieres recuperar la clave de detención del androide que ahora mismo está subiendo por las tuberías hacia ti —continuó la voz al teléfono—, escucha con atención. La mujer que ves en el espejo no es el prototipo. Tú eres la copia. La verdadera Sofía Vance está en el piso superior esperándote con el detonador principal.

Related articles

Recommended Video

Video